Hace algún tiempo, la película Samsara me enseñó a apreciar y agradecer los objetos con los que elegimos convivir. Son un reflejo de nuestro mundo interior y se convierten en parte de nuestro camino. Los usamos, los tocamos, envejecemos junto a ellos y los llenamos de recuerdos. Y cuando llega el momento de dejarlos ir, podemos despedirnos, reconociendo todo lo que nos han dado.